En estado de alarma, confinados, miles de personas en todo el globo, así estamos viviendo todos la misma amenaza. Esta vez no es un ataque preventivo, una guerra sucia o una ruptura de relaciones diplomáticas. Se trata de un enemigo común, diminuto pero mortal, un virus con nombre de programa informático: Covid-19. Un silencioso asesino que burla fronteras, edades, raza, sexo o situación económica. Asustados, temerosos, los moradores de toda la aldea mundial asumimos, de repente, un estado de urgente conmoción, de absoluta prohibición ante el posible roce de un enemigo tan poderoso. Ya conocemos los números, las curvas por países, regiones y continentes; el volumen es abrumador, pero no conocemos lo más importante, como sacarlo de nuestras vidas. Entretanto, hemos aprendido a estar encerrados en casa, la mayoría; otros, a seguir trabajando como de costumbre; y, muchos más, a perder el trabajo, que ya era, anteriormente, bastante precario. Ahora estamos viviendo una peste, pero cuando se acabe, que se acabará, vendrá una hora más triste, la de enterrar todas las miserias que esta enfermedad nos ha dejado alrededor, en todos los huecos y espacios que cotidianamente habitamos. Solo nos queda confiar en la capacidad humana más arraigada, la de sobrevivir.
canciones desde el filo
insomnio literario
miércoles, 13 de mayo de 2020
lunes, 2 de febrero de 2015
en invierno
Ahora es invierno,
no es tiempo de siembras,
pero el frío no me paraliza
ni hiela mis ganas.
Escribo bajo las sábanas,
entre escalofrío y tiritera,
la oscuridad me cobija
con su tacto de ausencia
que todo lo llena.
No es tiempo de siembra
excepto para las caricias
que burlan la estéril llanura
del lecho.
Qué efervescente semilla
promesa de estío,
estación venidera
cargada de frutos
cuando el invierno duerma.
no es tiempo de siembras,
pero el frío no me paraliza
ni hiela mis ganas.
Escribo bajo las sábanas,
entre escalofrío y tiritera,
la oscuridad me cobija
con su tacto de ausencia
que todo lo llena.
No es tiempo de siembra
excepto para las caricias
que burlan la estéril llanura
del lecho.
Qué efervescente semilla
promesa de estío,
estación venidera
cargada de frutos
cuando el invierno duerma.
viernes, 30 de noviembre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
orgulloso herido
A mí no me hiere ya nada. Y se marchó dejando un reguero de sangre que le manaba a borbotones del costado. Acerca del dolor no hizo ningún comentario.
jueves, 5 de enero de 2012
miércoles, 13 de julio de 2011
siete de julio
Aquí viene detrás de mí,
afilada, la muerte,
a un palmo de distancia
jadeante,
bramando atemorizada
corriendo a mi lado,
extrañados ambos,
que celebremos juntos
una fiesta de vino y sangre.
afilada, la muerte,
a un palmo de distancia
jadeante,
bramando atemorizada
corriendo a mi lado,
extrañados ambos,
que celebremos juntos
una fiesta de vino y sangre.
lunes, 15 de noviembre de 2010
fue en la noche
Fue la pasada noche,
no podía dormir y
salí a la calle,
casi a instalarme en ella,
aún sabiendo que tendría que regresar.
Volver al lento rosario
de tragos y espacios muertos,
de miradas perdidas y
de sentimientos huecos.
En la noche, sobre el asfalto,
ya ni los coches molestaban,
estaba sólo y me encontré
donde quería y con quién quería.
Nadie.
No había nadie en la calle,
tan sólo yo solo
y un aire templado acariciando
mi cara que resultaba
extremadamente placentero.
Que placeres más simples
y a la vez tan difíciles de apreciar.
En mi cabeza las frases de alguien
osado que se atrevió a darme consejos
para que cambiara el orden,
que el final fuese el principio,
que lo divertido estallara al fin,
mientras que lo reflexivo
fuese el inicio.
Y yo, mascullando, ¿se puede
invertir un orgasmo?,
estallar después y caer al principio,
en las afiladas aristas del abismo,
en la reflexión solitaria,
en la insatisfacción más ardiente...
En todo caso, aquel desorden
sería el suyo y no el mío.
Joder, se puede trasmutar todo,
siempre que lo desees o lo necesites,
esa es la clave, que se te antoje,
pero nunca por mandamiento formal
o por el aplauso más deseado.
Yo no quiero aplausos,
sólo busco materializar mis deseos
y hacerlo con precisión,
con gusto y con regusto.
Lo demás, no me interesa.
Que lo sepas, atrevido puntilloso.
no podía dormir y
salí a la calle,
casi a instalarme en ella,
aún sabiendo que tendría que regresar.
Volver al lento rosario
de tragos y espacios muertos,
de miradas perdidas y
de sentimientos huecos.
En la noche, sobre el asfalto,
ya ni los coches molestaban,
estaba sólo y me encontré
donde quería y con quién quería.
Nadie.
No había nadie en la calle,
tan sólo yo solo
y un aire templado acariciando
mi cara que resultaba
extremadamente placentero.
Que placeres más simples
y a la vez tan difíciles de apreciar.
En mi cabeza las frases de alguien
osado que se atrevió a darme consejos
para que cambiara el orden,
que el final fuese el principio,
que lo divertido estallara al fin,
mientras que lo reflexivo
fuese el inicio.
Y yo, mascullando, ¿se puede
invertir un orgasmo?,
estallar después y caer al principio,
en las afiladas aristas del abismo,
en la reflexión solitaria,
en la insatisfacción más ardiente...
En todo caso, aquel desorden
sería el suyo y no el mío.
Joder, se puede trasmutar todo,
siempre que lo desees o lo necesites,
esa es la clave, que se te antoje,
pero nunca por mandamiento formal
o por el aplauso más deseado.
Yo no quiero aplausos,
sólo busco materializar mis deseos
y hacerlo con precisión,
con gusto y con regusto.
Lo demás, no me interesa.
Que lo sepas, atrevido puntilloso.
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