Resulta extraño que ya no estés,
que tu voz sea hoy un eco lejano.
El espacio que ocupabas se extendía
más allá de tu cuerpo,
más lejos que donde tu mirada alcanzaba.
Porque habitaba el lugar
donde anidaban tus palabras,
visitaba miles de espacios físicos y,
a veces, otros mundos inasibles.
Porque tu palabra era la de un buscador
y tu hablar irradiaba un contagioso virus
que urdía batallas en el aire incitando
a rebelarse sobre la barra del bar
o en la mesa de consultas. . .
La palabra en tu boca era un galeón
lleno de piratas dispuestos a buscar
otra Itaca u otro Port Royal;
una excusa innegable para
redescubrir la belleza en una frase o
en una copa de vino;
un impulso agitador que arrastraba consigo
en busca de lo excelso o lo invisible,
aunque fuera en un breve instante.
Ese preciso momento
en que te encuentras la vida de frente,
a la vuelta de una esquina.
(a la memoria de Pepe C.)