jueves, 11 de diciembre de 2008

un cálido abrazo

Triste y solo
Por unos segundos,
quizá para llamar vuestra atención
o para que me llaméis.
Ajeno y ensimismado
apenas durante unos segundos...

Porque al lado de caminos nevados
instalé autopistas de fuego
construidas con vuestro cariño.
Podría coger el teléfono y llamaros a todos,
pero es demasiado fácil,
prefiero escribir unas letras
y deslizarme por sus curvas
hasta llegar a vuestra puerta.

Ausente y confinado, tal vez
para sentir la tristeza como una ciudad
abrazándome;
la soledad como un trago de tierra embotellada.

Ayer planté unos brotes de ego en una maceta
y tuve que trasplantarlos en un jardín,
aquello se iba por las ramas,
hasta volverse urgente inmolación.
Al cabo de mis brotes
tengo, por fin, ríos inagotables
de amistad,
campos interminables de ojos
vigilándome cautelosos para protegerme,
voces cálidas pernoctando en bóvedas familiares
para echarme un pulso, afortunadamente,
y acallarme o reforzar mis visiones,
según proceda, equilibrando así
el afilado abismo del yo.

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