A pesar de las luces, en el escenario, esos destellos de vanidad apuntando a tu ombligo; a pesar de la imagen, con su proyección mediática, nada es comparable al parto de una canción. Ese viaje a la deriva, desnudo, sobre la tabla, sin conocer destino ni puerto donde anclar... Esa búsqueda o encuentro de los acordes precisos, la palabra que te abraza sinuosa y te sumerge dejándote sin respiración por unos instantes. Luego, todo se compone armonioso o perversamente asonante, pero has llegado a un lugar nuevo, tras un viaje intenso: has descubierto un paisaje dentro de ti. Sacarlo afuera y mostrarlo a los otros es otro viaje, otra historia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario